Se eleva el costo de los vuelos durante el Mundial

por El Sureste

CDMX.- En diciembre, apenas unas horas después de que se dieron a conocer las sedes y los partidos de la próxima Copa del Mundo, el viejo ecosistema del Mundial empezó a resquebrajarse. Hasta ese momento, miles de aficionados habían comprado entradas genéricas, boletos que sólo garantizaban un asiento en un estadio sin saber aún qué selecciones pisarían la cancha. Eran boletos de expectativa con poca certeza.

En cuanto se confirmó que Cristiano Ronaldo y Portugal jugarían en Houston, o que Lionel Messi y Argentina tendrían presencia en Dallas, el mercado reaccionó con la velocidad de una burbuja financiera. Un boleto que días antes rondaba los 250 dólares comenzó a cotizarse por encima de los 400 en cuestión de horas. La demanda se empezó a desbordar al conocer los enfrentamientos de la fase regular.

Cuando el calendario se reveló por completo, el fenómeno se aceleró. Las entradas se inflaron, los precios se desanclaron de cualquier referencia histórica y la conversación global giró hacia la FIFA. Las críticas se multiplicaron. Aficionados, analistas y asociaciones de consumidores acusaron al organismo de permitir un modelo codicioso, sostenido por tarifas dinámicas que rompieron la lógica tradicional del Mundial, ese certamen que durante décadas había sido caro pero accesible para el aficionado promedio.

El boleto al estadio es la primera barrera
Hoy, con el torneo a menos de medio año de distancia, el golpe económico se extiende a otro frente que empieza a ser igual o más determinante que la entrada al estadio. Volar.

Para febrero, un vuelo redondo desde la Ciudad de México a Houston puede encontrarse por debajo de los seis mil pesos. Es una tarifa razonable, alineada con el comportamiento normal del mercado aéreo entre ambos países. Pero basta con mover el cursor al mes de junio, justo a la segunda semana del Mundial, cuando en Houston juegan selecciones europeas de alto arrastre como Portugal, para que el precio se dispare hasta los 20 mil pesos o más.

Dallas ofrece una fotografía aún más cruda del fenómeno. Para los partidos que Argentina disputará el 22 y el 27 de junio, los vuelos redondos desde la capital mexicana se cotizan en torno a los 22 mil pesos. En la primera semana de febrero, ese mismo viaje podía conseguirse por menos de seis mil. La presencia de Messi no sólo infló las entradas, arrastró consigo todo el ecosistema de movilidad.

Miami, otro de los polos futbolísticos y turísticos del torneo, empieza a mostrar el mismo patrón. Las tarifas que en meses normales se mantienen en rangos competitivos comienzan a escalar conforme el calendario se acerca a las fechas mundialistas.

El medio The Global and Mail reportó que después de que se anunciaran los grupos y los calendarios de partidos para los campeonatos de este verano, el sitio Kayak vio que el interés mundial por los vuelos en Toronto aumentó más de un 350 por ciento en comparación con el año anterior, mientras que Vancouver tuvo un salto del 240 por ciento.

Una búsqueda de vuelos desde Calgary a Toronto durante mayo, principios de junio y agosto genera precios que rondan los 220 dólares en promedio, mientras que los vuelos entre el 11 de junio y mediados de julio están más cerca de los 400, o casi el doble.

La explicación es tan simple como incómoda. El Mundial de 2026 será el más grande de la historia. 48 selecciones, 104 partidos, 16 ciudades sede repartidas en tres países. La FIFA expandió el torneo, pero el mercado aéreo no se expandió al mismo ritmo. Las aerolíneas operan con inventarios finitos y sistemas de precios que reaccionan de inmediato a picos de demanda altamente concentrados.

A eso se suma un factor estructural. Junio y julio ya son temporada alta por sí mismos en Estados Unidos. El resultado es una tormenta perfecta.

Para el aficionado, la ecuación cambió por completo. Antes, el reto era conseguir una entrada. Hoy, incluso con boleto en mano, el viaje puede ser financieramente inviable. El costo de los vuelos empieza a competir, e incluso a superar, el precio de acceso al estadio y aún falta sumar el hospedaje.

Así, el Mundial que prometía ser el más inclusivo de la historia amenaza con convertirse en uno de los más excluyentes.

Fuente Excélsior

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